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Creemos que hasta hoy, el marco en que se encasillaron los productos para eventos recreativos, ya generaron suficiente previsibilidad y monotonía para las empresas que buscaron momentos para abstraer a su plantel del compromiso y la presión del ámbito laboral.

Los límites en el diseño de estas actividades, sólo proporcionan un cambio de compromiso, ya que la falta de sorpresa y de emoción se percibe y en consecuencia el equipo de trabajo asume integrarse y socializarse como el compromiso laboral de la jornada.

Sin esperarlo se genera un efecto inverso al deseado. El grupo reconoce a estas actividades no como un premio sino como un “remedio” suministrado por la empresa para aliviar el estrés y proseguir con la presión laboral.

La devolución se agrava aún más si la integración no ocurre y cuando no participan los organizadores. El equipo entenderá a la jornada como una obligación patronal, y pretenderá diseñar la próxima en busca de la diversión no alcanzada, debiendo renunciar la empresa al control futuro de la actividad, o bien debiendo imponer una voluntad hacia un próximo evento que ya perdió la magia antes de empezar.

Una vez que el plantel quebró ese código de confianza, difícilmente un mayor presupuesto o una dedicación excesiva acorte la distancia.

Sólo una acción acertada propondrá un retorno al sentido correcto. Una acción acertada que no tendrá porqué ser ampulosa, no tendrá porqué ser exacerbada, no tendrá porqué ser políticamente correcta…

Sólo tendrá que ser acertada.